Calle y más calle

opinión

Humberto Seijas Pittaluga

Humberto Seijas Pittaluga

6 Junio, 2017

Las marchas y los plantones son un proceso lento, cuando muchos quisieran que se alcanzasen soluciones instantáneas; lo que se ha logrado con las marchas aparece como apenas perceptible (pero ha habido triunfos, sin duda); los daños a la propiedad causados por las stormtroopers del régimen son cuantiosos y —lo más grave de todo— se han perdido, lamentablemente, muchas vidas de gente joven que podían haber contribuido con el progreso del país, los heridos se cuentan por miles. Todo, por la insensata violencia con la que se ha conducido el aparato represivo del Estado. Que no actúa por la libre; sino que se comporta así por las órdenes fríamente emitidas a través de la cadena de mando. Se han convertido en cosa de todos los días los muchachos mal matados en diferentes localidades; las lesiones, algunas de ellas incapacitantes de por vida que sufren paisanos nuestros; los incendios producidos en apartamentos por las granadas lanzadas hacia el interior de estos; los allanamientos generalizados, sin orden judicial y sin que exista hasta este momento un decreto de suspensión de garantías; el empleo indebido de la justicia militar para encausar a manifestantes por hechos que ni siquiera son delitos, mucho menos militares. Cuando Venezuela retome la senda democrática e impere el Estado de Derecho, todas estas atrocidades tendrán que generar procesos judiciales en contra de no solo los individuos actuantes, sino de todo ese escalafón que se ha confabulado para actuar al margen de la ley por el solo afán de seguir en el poder cuando saben hasta la saciedad que no son queridos, ni respetados; que, más bien son despreciados y odiados, y que solo llegan a objeto de befa como compensación del pueblo en contra de quienes los oprimen.

A la luz de lo costosa, larga y violenta que ha resultado la resistencia, algunos ilusos, de Francisco para abajo, proponen el diálogo como solución. Muy por dentro de sí mismos, esos cándidos teorizantes saben que tal procedimiento no será eficaz para encontrar la solución del problema; que solo servirá para darle oxígeno al régimen. La experiencia reciente, con esos expresidentes sesgados y bajo contrato del régimen —que fue quien los escogió, para empezar— y una representación vaticana candorosa (por decir lo menos y por no pensar mal) desaconseja ese método para enfrentar y encontrar la solución al problema. Ya hasta Zapatero debe haber caído en cuenta de que Nikolai y su combo han demostrado hasta la saciedad que la tarea les quedó inmensa, que no han sido capaces ni de organizar la economía de puertos a la que son tan “afines”, que en lo único que han resultado eficientes es en el robo del erario, que no han tenido empacho en meter en prisión a quienquiera que los denuncie, les pueda hacer sombra o se asome como contraparte. Claro que tiene que haber una conversación entre las dos partes, pero no un diálogo entre iguales. Más bien, debe ser una discusión que fije los términos de la salida de los rojos del poder, que establezca una hoja de ruta hacia la normalización institucional que incluya el regreso de los uniformados a sus cuarteles y que, de necesidad, especifique cómo se hará para que las tropas de ocupación cubana regresen a su país.

Mientras la nomenklatura se percata de que tiene que capitular, no queda sino calle y más calle, con todo y lo costosa que está resultando. Pero no hay otra. Estos más de dos meses de lucha han servido para aglutinar a la mejor gente, independientemente de su posición social e incluyendo a la gran cantidad de personas que no asisten a las marchas por impedimentos físicos, por ya haber tenido que salir del país, o por justificable temor. Somos una inmensa mayoría, que nadie lo dude. Especialmente esos que andan chingos, inventando constituyentes donde nadie la está pidiendo. Después de las recientes jornadas y los fuertes enfrentamientos en La Vega, los pueblecitos de los páramos andinos, y los duros rifirrafes en diferentes ciudades de Barinas, Carabobo, Táchira y Mérida ya Villeguitas y otros áulicos como él no pueden más acusar a los manifestantes de ser un “grupito de sifrinos del este de Caracas”; por el contrario, es una oposición transversalizada, heterogénea, sin distingos de clase, la que está actuando. Esa llama militante, pacífica pero pugnaz, es la que debe ser mantenida por los líderes de la oposición, cueste lo que cueste. Deberán seguir desplegando esfuerzos, iniciativas novedosas. Deberán ser modernos Henry V en Agincourt: “Una vez más a la brecha, queridos amigos, una vez más”. El éxito depende de ello…

hacheseijaspe@gmail.com

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