TRUMP PODRÍA SER NUESTRO MEJOR ALIADO

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Redacción 1/31/2017 10:05:00 a. m.

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TRUMP PODRÍA SER NUESTRO MEJOR ALIADO
“Cuidado si la actitud desenfadada y frontal de Trump, no se traga los insultos y desplantes propagandísticos de nuestros guapetones.”
Es una inevitable tentación disentir del Sr. Trump. En apenas una semana, casi una docena de órdenes ejecutivas han agobiado la opinión pública nacional e internacional. Desde el anuncio del mentado muro, la suspensión de visas para musulmanes, deportaciones de prisioneros, hasta anulación del Tratado del Pacífico Norte, sin dejar de lado la revisión del NAFTA con Canadá y México. Toda una apología de progresismo nacionalista y patriotero, que anuncia tempestades. Pero escampará y veremos.
No me califico pro Republicano. Si tengo que atreverme a fijar alguna inclinación política en un país que no nací, ni resido, puedo revelar que tengo mayores identidades con el pensamiento liberal de tendencia demócrata (justicia social, control de costos de tuitions universitarios, masificación de la educación superior, aceptación de las minorías, apertura migratoria, reducción de barreras arancelarias y culturales, protección del medio ambiente, apertura religiosa), que la directriz liberal republicana, ganada a una suerte de “desregulación selectiva y protestante”, que por la dinámica económica de los EEUU, habilita monopolios y carteles corporativos y favorece blue colors, banca, energía o finca-raíz, creando un conservadurismo rancio que adolece de elementos raciales. Para un observador político de cultura latina, entrar en debate sobre nacionalismo, soberanía o paternalismo de Estado, dista mucho de lo que tales políticas puedan significar del Rio Grande a la Patagonia.
No es lo mismo el nacionalismo patriota, populista y guerrerista norteamericano-primera economía del mundo y primera potencia militar-que los conceptos patoteros en Venezuela, manipulados por una revolución pasquín para desmantelar el Estado democrático y de derecho. Establecer comparaciones de Chávez con Trump, con Hitler u otros paretos, no es menos que una temeridad ociosa e irresponsable, donde los resultados del comparable, son absolutamente inconsistentes en términos psico-sociales, antropológicos y culturales. Trump no es Chávez y mucho menos Maduro, como tampoco sus políticas conducirán a un país anarquizado, caótico, criminalizado, sin autonomía de poderes, sin justicia, sin institucionalidad militar y sin sentido de la ley y la ciudadanía, como Venezuela. Mucho menos un país saqueado y profanado en sus costumbres más nobles. El problema de Trump es que tendrá que lidiar precisamente con su constitución e instituciones.
¿Que Trump ha sido ligero e irrespetuoso con algunas féminas? Sí. ¿Eso lo convierte en un misógino? Vamos…¿Que levantar un muro entre México y EEUU ponga en remojo las bardas de ambas culturas? Sin duda. Pero que ello sea peor que la migración desbordada y el tráfico de drogas de esa frontera? No lo es. El problema ciertamente no es levantar barricadas. Es la tesis de “vender el sofá”. El problema de fondo, al decir de Samuel Huntington en su Choque de civilizaciones y su libro, ¿Quiénes somos?, no es ideológico sino profundamente cultural, por lo que el desafío de la intensa presencia latina en EEUU, no se resuelve con cemento, “sino pensando en ingles”. Entonces “el arma” es la educación, no el barrote. Las amenazas de fondo para EEUU y el mundo, son superiores. Son Corea del Norte, el neonazismo, la crisis de energía o la desbordada globalización, sin olvidar la centrífuga financiera mundial. Que musulmanes no vayan a EEUU o viceversa, no hará a Irán o Siria demócratas. Que Canadá o China reduzcan su balanza comercial con EEUU, no será más grave que el impacto de la crisis financiera 2008. Cuando una nación cuenta con check and balance institucional, cualquier executive order en exceso tendrá sus días contados…La CSJ de EEUU no se la pasará anulando Bills o decisiones de Estado a lo “lavandería criolla”. Por ello pensamos que la historia de Trump con Venezuela, será otra. Cuidado si esa actitud desenfadada y frontal de Trump, no se traga los insultos y desplantes propagandísticos de nuestros guapetones. Cuidado si Trump no tolera que le quiten la pajita del hombro o que le estén diciendo en su patio, “aquí huele azufre, Yanquis go home o váyanse pal’ carajo. Yo le sugeriría al Sr. Maduro que cuide sus palabrotas porque quien preside el coloso del norte, no es un protestante insulso de ignorancia deliberada hacia Venezuela, cómo lo fue Obama. Con Trump se acabó el “lirismo discursivo, el voluntarismo libertario impregnado de Che y el trato “de nación bananera de alto riesgo” al son del guantanamera de Barak y los Castro.
Trump representará muchos dolores de cabeza para el mundo. Pero también será un fuerte dolor en la nuca para el gobierno de Caracas, a quien [Trump] no le temblará el pulso para firmar una orden ejecutiva, que traiga a los estrados americanos a aquellos que emplace el Departamento de Estado. Poco le importará lo que diga la ONU o la OEA, como poco ha pesado lo que esos organismos han hecho o dejado de hacer por Venezuela. Tampoco la CSJ del Tío Sam censurará cualquier expatriación ocurrente. Amanecerá y veremos. No exageremos la nota con Trump. De pronto “el aprendiz”, se convierte en nuestro mejor aliado…!en un mundo donde ni el papa lo ha sido!
Orlando Viera-Blanco @ovierablanco

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COSTOSOS ERRORES

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Redacción 1/31/2017 09:07:00 a. m.

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A Plumazo Limpio

Costosos errores

La dirigencia de la oposición venezolana no ha estado muy acertada en los últimos tiempos. Sé que estoy siendo benevolente con las palabras. Nótese que digo “dirigencia” y no “liderazgo”, por razones a las que haré referencia en otro artículo próximamente. Pero vamos a lo de hoy.

Han cometido varios errores, pero hay uno que es demasiado sobresaliente. Voy por partes.

La total e inmensa arrechedumbre en la que están sumidos los venezolanos de bien que con toda razón se oponen y rechazan el maquiavélico régimen venezolano, viene dada en buena medida por las inconsistencias e incongruencias de quienes han venido asumiendo la conducción de la lucha política desde la oposición.

Ese gran volumen de gente, que anda por el 90% del país hoy, le otorgó su confianza a unos señores cuyo mérito principal es haber ganado las elecciones del 6 de diciembre de 2015, lográndose la victoria más contundente que el descontento haya logrado en los últimos 18 años.

Una victoria que, si bien es cierto que es atribuible al desarrollo de una apropiada estrategia en la cual el ingrediente principal fue el de mantenerse unidos, no es menos cierto que no hubiera sido posible sin la generosa ayuda de la catastrófica gestión de este gobierno.

El error más comentado últimamente y que explicaría el “por qué estamos cómo estamos” es que, en Octubre del año pasado, en el mejor momento de activación de calle habido en años, los dirigentes de la MUD tuvieron la brillante, espontánea y silvestre idea de ir a dialogar con el gobierno.

Cosa que no hubiera sido mayormente grave, si es que con ello no hubieran también decidido desactivar (mejor dicho, suspender) las movilizaciones de calle.

Este error explica que el intento reciente de realizar una marcha en una fecha tan simbólica como el 23 de enero resultara en un total fracaso.

Sin embargo, esto no es lo único. También en Octubre, la Asamblea Nacional declaró el rompimiento del hilo constitucional por parte del gobierno de Nicolás Maduro. Es decir, la representación del pueblo nos dijo que estamos en dictadura. Nada trivial.

El asunto es… ¿qué es lo que ha hecho con esta declaración la oposición? ¿De qué nos ha servido a los venezolanos que se nos anunciara que estamos en dictadura? ¿Cuál es la nueva estrategia que se ha debido elaborar para combatir una dictadura y ya no un simple gobierno catalogado, con todos sus bemoles, como democrático? ¿Cómo entran a jugar coherentemente los artículos 333 y 350 de nuestra Constitución en esta nueva dinámica?

La respuesta general a todo esto es la nada. Se olvidaron del asunto.

No contentos con esto, recientemente ahora, en Enero, la Asamblea Nacional declara el “abandono del cargo” del Presidente de la República. Razones las hay. Basta ver el estado en el que se encuentra Venezuela para entender que este pedazo de tierra bendita fue abandonado por quienes deberían cuidarlo.

Repitiendo el error anterior, han pasado varias semanas y nadie le ve continuidad alguna a esta medida. ¿Otro saludo a la bandera? ¿Alguna convocatoria para que los venezolanos en masa refrendemos esta declaratoria? Las inconsistencias siguen y no parecen finalizar.

Pero hay un hecho adicional que es probablemente el error más costoso en todo este período. Uno que por más explicación que se le pueda buscar, no se le encuentra.

Comenzando el mes de Febrero de 2016, escribí un artículo llamado “Piedra de Tranca”. Veníamos saliendo de la gran victoria del 6D, la fuerza de la oposición parecía imparable y el régimen venezolano se veía golpeado. Mejor momento para avanzar, imposible.

En ese artículo me refería al tema del Tribunal Supremo de Justicia – TSJ. Hacía muy poco, escasamente algo más de un mes y medio, el chavismo había nombrado bajo procedimientos totalmente irregulares, inconstitucionales e ilegales, una serie de magistrados “express”.

Todos sabíamos que el gobierno procuraría utilizar el TSJ para obstaculizar el desarrollo de la Asamblea Nacional.

Mi artículo en referencia hablaba de establecer, de inmediato, una estrategia clara para anular esos nombramientos y modificar ese TSJ. De remover esa ‘piedra de tranca’ que se nos venía, cómo de hecho se nos vino…

El momento era el indicado para ir a un choque de poderes. Al choque de trenes. AN y TSJ. A la confrontación, contando no sólo con la razón sino con el apoyo de la amplia mayoría de venezolanos que dieron su voto para que obtuviéramos 112 diputados.

Lo que paso después es, lamentablemente, historia conocida. La AN inició tímidamente y tarde un proceso para anular los nombramientos.

Se nombró una Comisión, casi que como un acto burocrático. Hasta el sol de hoy no hemos visto resultado alguno. El mismo TSJ sigue allí muy campante, tranquilo y sin riesgo de amenaza, obstaculizando cada acción de la AN.

Peor aún, ni siquiera nuestros diputados nos han entregado cuentas a los venezolanos del por qué… ¡un año después!… este tema nunca se atendió con la urgencia y la importancia que se merecía.

¿Qué pasó?

Bernard Horande   @BHorande

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¿Una violencia más humana?

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ENERO 31ST, 2017 ROBERTO PATIÑO

¿Una violencia más humana?

OPINIÓN

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La reformulación de la OLP, solo llegó al nombre. Se rebautizó de manera absurda y engañosa como “Operación de Liberación Humanista del Pueblo”, y se ha seguido implementado bajo continuas denuncias de violaciones a los derechos humanos, ejecuciones sumarias y hostigamiento a la población civil.

Con las OLP, el gobierno dictatorial  busca afianzar  la cultura de la violencia que tanto daño nos ha hecho a los venezolanos, enmarcándola  en la lucha contra la inseguridad y la criminalidad. Problemas que ha desconocido, (negando sistemáticamente su dimensión, no priorizándolo en la agenda gubernamental), o condonado (justificando “socialmente” al crimen en un discurso supuestamente revolucionario, estimulándolo con políticas tan nefastas como las “zonas de paz”).

Las OLP se dan además en medio de una profunda crisis de credibilidad  y confianza en las instituciones del Estado y sus representantes. Apoyadas en un militarismo exacerbado, niegan otros aspectos fundamentales de la situación como la necesaria reestructuración de los cuerpos policiales (atendiendo deficiencias materiales como cantidad de funcionarios o equipamiento, por ejemplo), fallas del sistema judicial y penal (desbordados, muy corrompidos, con un 98% de impunidad) y las carencias crónicas que el Estado ha tenido en el diseño de planes para el control de la criminalidad.

El régimen madurista se ha caracterizado por un recrudecimiento de la represión, la institucionalización de la violencia, y una militarización forzada en todos los ámbitos de la vida nacional. También, por la manipulación de los graves problemas nacionales y las carencias de la población para establecer formas de control, servilismo y sometimiento. Planes como los CLAPS o la tarjeta Alimentación Hogares Patria, que se aprovechan de la brutal crisis alimentaria que atravesamos, son un ejemplo de esto.

La implementación de las OLP refuerza discursos tan destructivos y falsos como el de que “solo la violencia enfrenta la violencia”, valiéndose de los sentimientos  de retaliación que muchos sienten frente a los abismales índices de homicidios  o el desprecio a conceptos como la reinserción y la rehabilitación frente a los resultados de instituciones corrompidas o ineficaces.

Como muchos venezolanos he sido víctima de la violencia criminal. Esa ha sido una de las razones que me llevaron a estudiar políticas públicas de seguridad y a crear, hace 5 años, el movimiento Caracas Mi Convive para  transformar la cultura de la violencia en convivencia para la ciudad. Nuestra experiencia con personas y comunidades nos da una visión del problema en su enorme proporción y  matices.

El pasado domingo 22 de enero, por ejemplo, estuvimos en la cota 905, horas antes de que se produjeran las primeras acciones de la reformulada OLP. Escuchamos el testimonio de una las madres que nos relató como las OLP llegaron a su casa y ajusticiaron a su hijo, un muchacho sin ningún antecedente delictivo. Las denuncias de este hecho no han recibido respuesta y la facilitadora ha sido hostigada por efectivos policiales. Su nieto, de 4 años, le dice que no quiere crecer, para que la OLP no lo mate como a su papá.

La respuesta a la violencia criminal pasa necesariamente por la creación de planes de prevención en los que las comunidades y sociedad tengan un papel activo y participante. También por la reestructuración  y equipamiento  de fuerzas policiales y la exigencia de un compromiso político de gobierno y Estado, no solo en la aplicación de la justicia y la lucha contra la impunidad, sino en el fortalecimiento de la convivencia.

Ejemplos de esto lo hemos visto en ciudades como Medellín, donde se han producido transformaciones y recuperado espacios para la vida  social desde situaciones de crimen y narcoviolencia  aún peores a las que actualmente tenemos en nuestro país.

Lo contrario es lo que está haciendo el régimen de Nicolás Maduro, que aprovecha la angustia, el dolor  y el miedo que causa la criminalidad en los venezolanos, utilizándolas  para fortalecer falsas premisas como la efectividad de la mano dura o la intervención militar y exacerbar prejuicios latentes, minando la convivencia al estigmatizar sectores sociales y criminalizar a las víctimas .Una visión simplista y manipuladora  que en países como Guatemala y el Salvador ha producido décadas de sangre y padecimientos.

Los excesos y transgresiones de la OLP deben ser detenidos, y las formas de combatir el crimen en nuestro país deben transformarse con decisión y sin hipocresías. Los cambios de nombre son solo medidas irresponsables que parecen burlarse de los venezolanos cuya humanidad continúa viviendo la tragedia diaria  de ser atacada y mermada por la violencia.

Aquí no se habla mal de Chiabe…

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ENERO 31ST, 2017 HUMBERTO SEIJAS PITTALUGA

Aquí no se habla mal de Chiabe…

OPINIÓN

A mí siempre me ha causado estupor, espanto, que alguien que ha sido vicepresidente, ministro, gobernador, diputado y presidente de la Asamblea no sepa lo que dice la Constitución.  La última del capitán Hallaca (verde por fuera guiso por dentro) fue la admonición —que no exhortación, consejo— que todos los escritorios de los empleados públicos venezolanos, en las casas que presta (no las da en propiedad) el Estado y en los cuarteles que fueron de las FFAA, pero ahora se han convertido en las sedes del brazo armado del madurismo, se debe poner un letrerito que diga algo parecido a lo que escribí en el título.  Y será tanta la intimidación, el descarado chantaje, que remata la faena pidiendo que quien no se adhiera a esa campaña debe ser denunciado.  Por algún “patriota cooperante”, supongo.  Lo que se busca con esa impertinente exigencia es continuar con lo que hace el régimen desde hace varios años: intentar que la nación, aturdida por los golpes tan seguidos que le propinan, les coja miedo, y se desesperance, que crea que nada se podrá hacer para sacárnoslos de encima.  Pero están pelados de medio a medio.  Los venezolanos seguimos en la tarea —ímproba hasta ahora, pero no por ello imposible— de cambiar a esa cuerda de incapaces, solo óptimos en eso de entrarle a saco al erario.

Ese amago intimidante va directamente en contra de lo que reza el Art. 57 de “la mejor Constitución del mundo” (pero que ahora les estorba).  ¿Será que hay que recordarle al rollizo furrialense ese derecho que tenemos todos? Aquello de: “Toda persona tiene derecho a expresar libremente sus pensamientos, sus ideas u opiniones de viva voz, por escrito o mediante cualquier medio de comunicación y difusión, sin que pueda establecerse censura”.  Y no puede ser de otra manera en esta tierra en la que el deporte nacional, aparte de hacer venezolanitos, es hablar mal del gobierno.  Cualquiera que este sea.

Pues, de Boves II sí se puede decir muchas verdades que no habrán de gustarle al de “los ojitos lindos” (como lo ponderaba el hoy cadáver).  Y lo peor es que él las sabe, pero no le conviene reconocerlas porque se le haría más difícil seguir pegado a la teta.  Y ya que hasta reo solicitado internacionalmente sería.  Recordemos un par.

Lo que está de moda —en mucho propiciado por algunos del mismo cogollo del PUS— es echarle la culpa a Nikolai de todo lo malo que acontece en el país.  Lo cual no es cierto.  Este es, además de un pobre diablo, culpable de no haberle cambiado el rumbo a unas políticas económicas y sociales que nos han traído hasta el desastre actual; de haber seguido borregamente la senda que marcó el pitecántropo barinés de sumisión a la gerontocracia cubana; de seguir forzando una artificial división en la nación, cuando éramos el más igualitario de los países de Hispanoamérica.  Pero el causante, autor y promotor de la desventura y la infelicidad venezolanas fue su “padre”.

¿Cómo no hablar mal de quien causó la fuga de cerebros más grande de la historia?  Para mí, el pecado más grande que cometió el héroe del Museo Militar.  Las estadísticas indican que casi el 80 por ciento de los emigrados tienen título universitario; y que el 12 por ciento hasta PhD es.  Estamos enriqueciendo otros países mientras que por aquí nos empobrecemos a ojos vistas.  Nosotros, a lo largo de la historia recibimos millones de inmigrantes —los europeos de la postguerra, los suramericanos atraídos por la Venezuela Saudita, los “turcos” llegados por el desmoronamiento del imperio otomano— y tenemos que estarles agradecidos por ayudarnos a echar para adelante nuestra patria.  Pero, con muy contadas excepciones, las personas que llegaron traían, cuando mucho, instrucción primaria o un bachillerato incompleto; eran campesinos en su mayoría.  Y, aun así, progresaron ellos y el país que los acogió.  Es imposible, entonces, que nuestros expatriados no estén labrando, junto con su futuro, el progreso de los países que los acogieron, mientras que Venezuela lamenta y sufre su ausencia.

¿Cómo no hablar mal de quien dilapidó el caudal de divisas más grande que haya recibido Venezuela?  Y mire que bastante se le dijo (le dijimos) que se acordara de la historia de José y las vacas flacas que cuenta la Biblia.  Pues no, para él era más importante realzar a nivel internacional su muy inflamado ego.  Repartió no-sé-cuántos planes Marshall entre sus amigotes del Foro de São Paulo, todo aquel que le dijera que él era lo más grande que haya parido Venezuela después de Bolívar, un poco de mandatarios africanos cuyos países apenas aparecen en los mapas, en vez de invertirlos en el país.  Y recalco lo de “invertirlos” porque “malgastarlos sí hizo.  En exceso.  El tren Puerto Cabello-Caracas sigue inconcluso diez años después de la fecha que él mismo dispuso para su inauguración.  El sistema de transporte rápido Caracas-Guatire, otro.  Ambos —al igual que muchas otras obras inconclusas por toda Venezuela– no pasan de ser monumentos de concreto inútiles hasta ahora.

Y así podría seguir con muchos más ejemplos, pero se me acabó el espacio.  Dejo a la imaginación de los lectores la enumeración de la miríada, por lo menos, de materias por las cuales es casi un deber hablar mal de quien mató el presente y futuro venezolanos…

hacheseijaspe@gmail.com

Huérfanos de padre y madre

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ENERO 31ST, 2017 FERNANDO EGAÑA

Huérfanos de padre y madre

OPINIÓN

El diccionario tiene varias acepciones de la palabra “huérfano”, pero la que me parece pertinente para estas líneas es la de “falto de amparo”, o lo que es lo mismo: desamparado. Un huérfano suele ser un desamparado, y tengo la impresión que así se siente una gran parte de los venezolanos. Se sienten desamparados en materia de representación política. Y se sienten así, porque lo están así: desamparados, huérfanos.

De parte del poder establecido, de la hegemonía que representan Maduro y los suyos, no viene ningún tipo de amparo sino todo lo contrario. Acoso, engaño, despotismo y empobrecimiento causado por la masiva depredación. En otros tiempos, una porción amplia del país se sintió representada por el predecesor. Pero de eso queda muy poco, casi nada, como decía una vieja canción. Si la abrumadora mayoría de los venezolanos rechaza a la hegemonía imperante, es porque sabe que de ésta no puede esperar nada bueno. La hegemonía es causa de orfandad política para esa mayoría, repito, abrumadora.

Y además valiente, porque la votación de diciembre del 2015, en ocasión de los comicios parlamentarios, fue una oportunidad para expresar el referido rechazo, la protesta correspondiente, la angustia extrema ante el desamparo proveniente del poder. Para los votantes de buena parte de las regiones, sobre todo de las más periféricas, votar en contra del oficialismo fue un acto de suprema valentía. El mandato, por tanto, estaba claro: queremos un cambio verdadero, queremos que se vayan, queremos que Venezuela cambie a fondo.

Ese mandato fue confiado a la oposición política que, es justo reconocerlo, fue perseverante en hacer posible esa contienda electoral, con todo y su fraudulento ventajismo. Luego de conocerse los resultados, al menos los declarados por el CNE, las expectativas de cambio se fortalecieron como nunca antes en el siglo XXI. En líneas generales, el discurso de los voceros de la plataforma opositora, contribuyó a fortalecer esas expectativas, antes, durante y después de la fecha comicial. Sin embargo, fue pasando el tiempo, y las posibilidades reales de cambio se fueron difuminando. El enorme capital político que fue constituido, de manera muy principal, por el mandato de cambio efectivo, fue disminuyendo poco a poco.

La MUD y la jefatura parlamentaria, después de algunos meses de deliberación, optó por tratar de llevar a cabo el mandato del cambio a través del laberinto del referendo revocatorio. Opción que se sabía iba a terminar en lo que terminó, en una burla. La extraordinaria oportunidad de generar un cambio constitucional, democrático y electoral, mediante la presión nacional por la renuncia de Maduro y la convocatoria de elecciones presidenciales, fue dejada a un lado. No creo que haya sido valorada con determinación.

En la medida que la presión de los sectores políticos por el cambio real fue disminuyendo, en una medida similar fue aumentando la posibilidad del continuismo de Maduro. Y como corolario a este drama del 2016, la hegemonía montó la tramoya del “diálogo consensuado”, con patrocinadores de mala y buena fe, y quedó servida la mesa para convalidar la imposibilidad de realizar el mandato popular formalizado en diciembre del 2015, y menos aún de celebrar las consultas previstas en la Constitución para el 2016.

Todo lo cual explica, que otra buena parte de la nación venezolana se sienta, ahora, desamparada o huérfana con respecto a los factores más importantes de la oposición política nacional. Por eso titulo estas breves líneas: “Huérfanos de padre y madre”. Sí, el conjunto de los venezolanos, en mi modesta y por supuesto falible opinión, se encuentran en situación de orfandad política. Y eso favorece al poder hegemónico. Y también ayuda a explicar la paradoja de que el empeoramiento agudo de las condiciones sociales y económicas no se refleje en una desestabilización política de la hegemonía.

¿Esto puede cambiar? Claro que sí. Pero para ello tiene que tenerse muy en cuenta el mandato popular, que aspira a un cambio profundo de la orientación del país, tal y como lo proclaman los obispos venezolanos en su más reciente documento oficial. La cuesta se empina y el esfuerzo para superarla tiene que ser mucho más decisivo.

flegana@gmail.com

EL CHAVISMO ES APATRIDA

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Redacción 1/31/2017 12:24:00 a. m.

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El chavismo es apátrida

Si de algo en específico se ha encargado el chavismo es, precisamente, destruir todo lo relacionado con la tradición y civilización venezolanas.

Para los auténticos patriotas, es muy importante la connotación que trae consigo los símbolos nacionales, pero se deben identificar cuáles son los correctos y apartar para siempre los que la dictadura adoptó como suyos.

El chavismo ultrajo la bandera y el escudo. A la primera, le colocó una estrella de más, irrespetando el homenaje dado a las siete provincias que se declararon libres e independientes el 5 de julio de 1811. Al segundo, le cambió el rumbo del caballo blanco, guiándolo hacia la izquierda, con un claro mensaje subliminal político.

El régimen también ha desnutrido el legado de nuestros personajes históricos. Afirmando, por ejemplo, que Simón Bolívar fue socialista, cuando hay pruebas de lo contrario (https://goo.gl/I6kjjc), además de modificar su rostro de manera significativa. 

Otro ejemplo: al billete de menor denominación en el país se le asignó el rostro de Francisco de Miranda (individuos como Pedro Camejo, Guaicaipuro y Luisa Cáceres de Arismendi se encuentran en billetes con más valor, entendiendo así que poseen más mérito nacional que el Generalísimo de Mar y Tierra).

Pero si de antipatriotismo se trata, la acción que se lleva todos los honores es el haber hipotecado nuestro país a intereses extranjeros. El internacionalismo (muy amado por Fidel Castro, por cierto) propio de los comunistas no significa más que destrucción a la patria y a los recursos humanos venezolanos. La deuda gigante que acarrea la dictadura con países como Cuba, Rusia y China, aniquila cualquier pensamiento fraternal que pueda provenir de ella.

Entonces, si estos grotescos demagogos odian a Venezuela, ¿por qué exaltan con efusividad un supuesto patriotismo? Sencillo: su único propósito es la banalización del concepto de nuestra Nación.

Se hizo común en los comentarios de la ciudadanía venezolana, mencionar a la Patria como parte de la dictadura y por lo tanto, un culpable de todo lo que sucede. Incluso, emiten comentarios burlescos contra ella. Todo propiciado y exacerbado por el chavismo.

Venezuela es un gran país, con una inmensa capacidad humana y agrícola. Paisajes casi inigualables y un verdadero legado histórico que debe ser rememorado y cumplido: ser el país potencia de América Latina. Depende de nosotros, los auténticos patriotas.

¡La Patria no se le regala a nadie!

Por Alejandro Ramirez  @AlejoRzu de @Rumbo_Libertad

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La hora cero y el reloj de la revolución por Cesar Miguel Rondón

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hora-cero

(31/01/2017) Este domingo el cuerpo Siete Días de El Nacional trajo, en par de extensos trabajos, una contradicción grave y profunda. Por una parte, Leonardo Padrón publicó “La hora cero”, una desgarrada crónica de cómo se ve el país desde el exterior:

“En el extranjero, los venezolanos se tratan como gente de tierra arrasada. En cada conversación alguien insiste en hablar de la enfermedad. Porque hoy el país es una enfermedad” (…) De ser una futura Cuba, ahora somos su posdata. Vida en los márgenes. Historias de sofá cama. Gente que no tiene lecho propio. Que va de casa en casa, de amigo en amigo, mientras reúne algún dinero y un código postal. Mientras alcanza estatus de ciudadano (…) Todos asumían al país como un error consumado, como si ya no hubiese esperanza”. Y, al final de su crónica, Padrón se hace una serie de preguntas. Preguntas fuertes: “¿Seremos capaces los venezolanos de convertir nuestra miseria en un acto definitivo de redención? ¿Alcanzaremos a reaccionar masivamente? ¿Lograrán estar finalmente al nivel de las circunstancias los líderes de la oposición? ¿Sabremos comprarle el ticket de regreso a la democracia y colocarle una lápida a la dictadura que nos gobierna?

Nos va la vida en esas preguntas.

Sobre todo en sus respuestas.

Es la hora cero de Venezuela.”

Padrón, pues, estima que esta es la hora cero y que a partir de ahora debe haber un punto de inflexión para cambiarlo todo. Sin embargo, en el mismo cuerpo Siete Días, el periodista Franz Von Bergen presenta un largo análisis -especulativo, claro está, pero importante- donde presenta una perspectiva contraria. “Reacomodos en la casa roja”, es su reseña:

“Nicolás Maduro resistió en 2016 todos los intentos de la oposición para lograr su salida de Miraflores. Sin embargo, con la llegada de 2017 su permanencia como jefe del Estado ya no es imprescindible para el chavismo, grupo en el que se han empezado a dar movimientos que debilitan su liderazgo y fortalecen el de otras figuras como Tareck el Aissami”.

El trabajo parte de una premisa interesante: ya Maduro no es necesario, pero el chavismo sí, y Tareck el Aissami empieza a perfilarse como el hombre fuerte. No es de gratis que sea el actual vicepresidente, y si se le considera hombre fuerte es con miras a las elecciones presidenciales del 2018. Obsérvese que el salto es directo a las presidenciales sin reparar en las regionales.

¿Qué puede ocurrir en el 2018? Algunos sospechan que con la oposición eliminada (ilegalizada), gracias a las decisiones del Consejo Nacional Electoral que obraría siguiendo los argumentos que ha venido soltando, entre otros, Diosdado Cabello, tendríamos en el país una elección a la nicaragüense. Es decir, una elección en la que no hubiese partidos opositores. El régimen, pues, competiría contra sí mismo, lo que no es competir.

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En otras palabras, mientras Padrón señala que hay una hora cero, que a partir de hoy, sin mayor dilación, debe comenzar a andar un nuevo reloj para el país, en el mismo cuerpo del diario vemos que, para el oficialismo, no hay pausa alguna y que el tiempo seguirá corriendo según el ritmo caprichoso que le impone el régimen. No hay hora cero, no hay cambio ni viraje. Así, entonces, pareciera que la oposición perdió lo poco que le quedaba y que la revolución ganó por lo que le faltaba.

Pero en el mismo diario El Nacional el gran titular de primera página es lapidario, aplastante: según el último estudio de Datanálisis, el 95% de los venezolanos tiene una visión negativa del país. Estadísticamente hablando, el 95% de los venezolanos son todos los venezolanos. Y si todos los venezolanos tienen una visión negativa del país y hacen responsable directo de lo que está pasando a Nicolás Maduro, a su gobierno y al chavismo en general, ¿cómo se explica, entonces, que el chavismo pueda actuar y planificar y decidir a sus anchas sobre un escenario de finales del 2018 cuando apenas esta comenzado el 2017?

¿Qué pasa con todos los venezolanos ante un panorama como este?

¿Es que todos los venezolanos se resignaron?

¿Es que todos los venezolanos se rindieron?

¿Cuál es el reloj que debe marcar, de ahora en adelante, nuestras horas? ¿El de la hora cero o el del lento pero inexorable avance de la revolución?

Por lo pronto –y hablando del tiempo- el señor Maduro decidió que este miércoles 1 de febrero no se trabaja. Usa como excusa la celebración del bicentenario del nacimiento de Ezequiel Zamora. ¿Pero puede un país que está en la carraplana darse el lujo de perder un día laborable? Quizá sea una forma de eludir el grueso bulto de la realidad. A lo mejor es una manera de disimular las dificultades de un país al que le cuesta amanecer, le cuesta ya no avanzar sino tan siquiera estar en el día a día. Si es así, y ya que el reloj de la revolución es caprichoso y arbitrario, puede, señor Maduro, decretar desde ya el carnaval. Y si le da la gana hasta la Semana Santa incluida. Total, parece que ya no hay país donde mandar.

Por Cesar Miguel Rondón