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LENÍN VALERO ¡Insistir, insistir, insistir!

Es la mejor forma de lograr lo que se intenta. Los demócratas venezolanos, hasta hace pocos meses atrás, nos mantuvimos en la Resistencia, opusimos nuestra fuerza a la otra, y el 6 de diciembre los logramos vencer. Ahora entramos a la Insistencia, a persistir en nuestro propósito de elegir a un nuevo gobierno constitucional. Fue necesario un primer paso y resistimos 16 años. Algunos ya no están: murieron, otros se exiliaron, otros emigraron, otros están presos y los demás nos estamos muriendo de hambre, pero luchando, insistiendo, perseverando en la lucha. Tenemos en nuestras manos el arma de insistir, es la más perfecta, es el paso siguiente de la resistencia, porque para lograr la meta ella nos inspira la ofensiva, el ir a la conquista de lograr lo que intentamos y avanzar con la disposición de vencer. En estos días hemos avanzado porque insistimos.

El gobierno está en retirada, pero aún resiste. Utiliza las armas del poder para contrarrestar la arremetida de un pueblo. Se abraza al Tribunal Supremo de Justicia y al Consejo Nacional Electoral, para sostenerse institucionalmente, acaricia las debilidades de la cúpula militar para conquistar su apoyo. Siente que con ellos puede continuar en el mando, pero al mismo tiempo le preocupa que su proyecto ya no encuentra eco en el pueblo, en cadena lo repite a su misma gente, a los suyos, pero muchos dudan de que pueda tener éxito, porque se convirtió en un proyecto clientelar, sólo para los “enchufados”  y se desligó de las necesidades del pueblo, a quien puso a pasar hambre, a mendingar, a morirse en los hospitales, lo dejó sin luz y sin agua, sin alimentos y sin medicina. Lo abandonó en los momentos más difíciles, cuando el pueblo necesitaba más ayuda del gobierno. Mientras tanto, los suyos, sus más cercanos, se están dando la gran vida con dólares de la corrupción y a costa del sacrificio de un pueblo.

El 82% de la población venezolana está dispuesta a castigar al gobierno por su conducta y para ello busca el revocatorio. El 6 de diciembre lo hizo para las elecciones de los diputados a la Asamblea Nacional y el castigo fue abrumador, logrando una mayoría calificada en el parlamento. La bancada opositora propuso acuerdos para la salida de la crisis, pero no encontró interlocutor para buscarle una solución al problema, las leyes propuestas por la Asamblea Nacional fueron rechazadas una por una, hasta que llegó la propuesta de revocarle el mandato al Presidente Nicolás Maduro y legislar para recortar – mediante una enmienda- el período presidencial de 6 a 4 años y eliminar la reelección indefinida, dejando la reelección por una sola vez. Aprobar el referendo revocatorio y la enmienda constitucional, será la gran batalla de este año, sin dejar de tomar en cuenta las anunciadas elecciones de gobernador para el mes de diciembre próximo.

La resistencia del gobierno será dura, pero la insistencia del pueblo será mayor. Ahora nos toca ¡insistir, insistir, insistir! Nadie podrá considerar la insistencia como una acción de violencia, porque el propio Dios la aconseja en el Libro Sagrado. El apóstol Lucas comenta que una vez estaba Jesús de Nazaret orando con sus discípulos y les añadió: “Supongamos que uno tiene un amigo que acude a él a media noche y le pide: Amigo, présteme tres panes, que ha llegado de viaje un amigo mío y no tengo que ofrecerle. El otro desde dentro le responde: No me vengas con molestias; estamos acostados, yo y mis niños; no puedo levantarme a dártelo. Les digo que, sino se levanta a dárselo por amistad, se levanta a darle cuanto necesita para que deje de molestarlo. Yo les digo: pidan y si les dará, busquen y encontrarán, llamen y si les abrirá, porque quien pide recibe, quien busca encuentra y quien llama se le abre” Lucas 11 (5 al 11). Nosotros buscamos un nuevo gobierno y lo encontraremos. Amen.

                           

Leninvalero1@hotmail.com

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YAJAIRA HERNÁNDEZ|Venezuela está temblando

Por lo menos dos temblores, la mayoría de ellos imperceptibles para el ciudadano común, se han estado registrando diariamente en Venezuela durante la última semana, lapso durante el cual los sensibles sismógrafos nacionales han recogido 17 eventos telúricos, cuatro de los cuales partieron desde el estado Zulia.

No es mera alarma, es sólo un alerta que merece atención en un país donde no hay condiciones para atender correctamente un resfriado, menos aun para enfrentar la eventualidad de un sismo de respetable magnitud.

De hecho, según la Red Sismológica Nacional, en una evaluación de la amenaza sísmica de Venezuela, planteó que: “En Venezuela, uno de los mayores potenciales de riesgo de pérdidas de vidas humanas y económicas está representado por la actividad sismológica, debido a la gran cantidad de población que vive en zonas de alta amenaza sísmica”.

Mientras la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicos, conocida como Funvisis por sus siglas, registra en su página oficial diecisiete eventos telúricos regados por todo el país, desde el Zulia hasta Delta Amacuro, pasando por los Andes, Lara, Anzoátegui y Sucre, en el lapso comprendido desde el 21 hasta el 28 de marzo. La organización hace la salvedad, sin embargo, que: “Los eventos localizados de forma automática no han sido verificados por analistas de sismogramas ni sismólogos, por lo tanto pueden presentar errores significativos”.

Pero como quiera que la Tierra parece inquieta, a juzgar por las dolorosas experiencias de Ecuador y Japón, el asunto no es para ignorar, sobre todo porque, de acuerdo con el reporte de Funvisis, la intranquilidad que existe en Venezuela se trasladó hasta su suelo. Y como era de esperarse, el Zulia no se quedó atrás, habida cuenta de los registros según los cuales, en ese mismo tiempo, tembló al sureste de Villa del Rosario, al sureste de Sinamaica, al oeste de Machiques y al suroeste de Ciudad Ojeda.

Eso es lo que hay, como se dice en buen criollo. Pero lo que no hay es mucho más. Cabría preguntarse qué pasaría si a la tragedia cotidiana de Venezuela se sumara un evento telúrico, a lo cual no es ajeno un país cuya historia sísmica, de la cual se tienen registros desde 1530, recoge más de un centenar de eventos que han provocado algún daño en varias poblaciones venezolanas.

La interrogante, más que pregunta, es una inquietud no exenta de preocupación por lo que significaría un terremoto dentro del infortunio en el que se ha convertido la vida en Venezuela, país donde las clínicas y hospitales funcionan con apenas un cuatro o cinco por ciento de materiales e insumos médico-quirúrgicos, según la Federación Médica Venezolana, donde los anaqueles reportan un desabastecimiento que supera el ochenta y cinco por ciento, de acuerdo con la Federación Farmacéutica Venezolana y donde la disponibilidad de camas hospitalarias es de apenas una quinta parte de lo que recomienda la Organización Mundial de la Salud.

Acerca del tema, el portal digital runrunes.es publica un amplio reportaje según el cual: “Las 233 instituciones que integran el Sistema Publico Nacional de Salud de Venezuela (SPNS) atraviesan una de las más sombrías etapas desde su creación. Diariamente… deben bregar con la deficiente dotación de insumos, el deterioro estructural y las fallas en el suministro de servicios básicos como agua, luz y aseo”.

Pero no sólo los hospitales deben bregar con fallas de servicios básicos. El ciudadano común, hoy día, debe hacerlo en su cotidianidad, si se considera que alrededor de tres millones de venezolanos no tienen acceso al agua potable, mientras otros veintisiete millones, por ser generosos en la apreciación, lo recibe de vez en cuando.

Ni hablar del servicio eléctrico, cuya eficiencia murió junto a la cuarta república, y que hoy es motivo de protestas, indignación y angustias, gracias a cuya falta de mantenimiento (aunque se pretenda culpar a un niño que ya debe ser adulto, a juzgar por el tiempo que tendría echando varilla), los habitantes de esta tierra son víctimas de un programa de “administración de cargas” que, en el mejor de los casos, los mantiene hasta cuatro horas diarias sin servicio eléctrico.

Una realidad que arropa a todo un país con cada uno de sus habitantes, ochenta por ciento de los cuales vive en zonas de alta amenaza sísmica, con el agravante que los expertos están más pesimistas que las víctimas potenciales, de acuerdo con el Presidente del Colegio de Bomberos, quien afirma que: “…tenemos muy pocos perros… no hay equipos…no contamos con animales preparados para asistir en un siniestro, buscando y detectando personas atrapadas, en equipos y unidades estamos fallos. En Venezuela no estamos dotados para estas situaciones de emergencia, hay mucha gente preparada en todos los aspectos, hasta en medicina prehospitalaria, pero no hay equipos de rescate, ni siquiera hay vehículos para actuar en esos casos…”.

Mientras tanto, entre las escasas neuronas que habitan en el mundo imaginario del maduro presidente, con merecida minúscula a pesar de la Real Academia, sólo hay espacio para el posible terremoto que, según, él, habría en Estados Unidos por el uso de las técnicas de fracturación hidráulica, pero ni siquiera se asoma a uno de la vida real. Aunque, en honor a la verdad, tal vez tenga razón… han pasado ciento cuarenta años desde el único que hubo en Cúcuta.

 

@YajaHernandez|Periodista|Profesora universitaria

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AUGUSTO LA CRUZ|Nicolás el reposero

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ESCRITOS DISPERSOS|Mister bla-bla

Aquel  hombre robusto,  tan callado como robusto

decidió un día entre pensamientos lícitos  e ilícitos

tomar todas aquellas palabras y pensamientos

dispersos en el exilio de su alma y expulsarlas

sin  fatiga, sin gloria, sin privilegios y sin arrepentimientos.

Hablo de los cansancios, de las vías alternas al cielo,

de los padrenuestros intocables y de los optimismos renovados.

Hablo de los tatuajes desnudos sobre otros tatuajes,

del chofer con agenda, del reloj que persigue inmisericorde el tiempo,

de las cicatrices que creía olvidadas, de la valentía,

del conocimiento, del intenso silencio de los que prestan atención.

Hablo del joven que en  las noches observaba las lechuzas

y fotografiaba la nada para convertirla en algo.

Hablo de facundo, de Aquiles, de Mario, de Isadora,

de Isabel, del temor a los vacíos y del rechazo

a los ignorantes.  Hablo tanto que acabo con las palabras y los oyentes

tomaron un descanso en la espera de lo posible.

 

Gerardo Canadell Canga|Profesor universitario

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ENDER ARENAS|Lo que después de todo me da risa

La primera vez que me reí tenía cuatro meses, recuerdo perfectamente el momento, porque después lloré, lloré mucho y hasta tuve una semana hospitalizado. Claro Uds. dirán que es imposible que recuerde algo vivido a los cuatro meses, pero si, lo recuerdo perfectamente: mi papá me lanzaba por los aires y yo me orinaba de la risa y en una de esas lanzadas por el aire salí volado sobre su cabeza y fui a pegar la mía en el piso. Pero no perdí la costumbre de reírme, aunque para ser justo cada vez que lo hago, y lo hago mucho, me duele la cabeza.

Por supuesto ahora me la paso con ese dolor, pues hay muchos motivos para reírse, aunque, seamos también justos aquí, hay más motivos para llorar, pero yo he encontrado la forma de reírme de mi mismo, inclusive de mis ganas de llorar.

Les cuento, por ejemplo, hace poco solicite los dólares de Cencoex a un banco del Estado para viajar a Canadá, donde se encuentra viviendo mi hija menor, no bien llegue a hablar con la promotora y esta, una señorita, bien parecida, que el banco tiene para esos menesteres, soltó la carcajada, inclusive, como estaba comiéndose un sándwich de mozarela la risa casi la ahoga y estornudó queso por todo su escritorio manchando mi carpeta de los recaudos, afortunadamente esta era marrón y no se veía mucho.

La promotora me miró, todavía recuerdo sus ojos morrones y me dijo: Ud. es el de la TV, es mas cómico aquí que en su programa, ja ja ja, ji ji ji y, allí mismo me soltó lo que ya yo temía: y que dólares, señor, esos están igual que el Acetaminofén.

Yo no aguante más y en lugar de coger una rabia, también reí hasta el acceso de tos que llamó la atención del gerente y me sacó con la vigilancia del banco. Creo que la señorita también la botaron porque he recibido varios mensajes de textos de una tal Nelly Parra sacándome la madre por haber perdido el empleo y por supuesto casi me ahogo de la risa, no por burlarme de semejante tragedia, sino porque una vez compruebo que tengo un especie de imán para ese tipo de evento.

Bueno hay otras cosas que producen risa, no sólo mí, sino a medio país, cosa bastante buena, pues en medio del estado general de calamidades a los que nos ha sometido el régimen todavía nos queda un espacio para reírnos de las vainas que se hacen y no se hacen, especialmente, por el régimen.

Un ejemplo, de esto es la jornada de trabajo de solo dos días en el sector público. Los funcionarios públicos, están verdaderamente ca…. de la risa, pues cobran, no muuuucho, pero cobran por dos días de trabajo y el resto de la semana obtienen un dinerito extra superior a  varios meses de su sueldo en la administración pública pues casi todos se van a los Bicentenario a ejercer públicamente otra función y yo me río a pierna suelta cuando oigo a Maduro y a Arias hablando de que ahora estamos encaminados a ser un estado potencia y un país potencia.

Otra cosa que nos da risa a todo el país es la jornada de la firma. Esa vaina si fue una fiesta divertida, la gente se reía, no sólo por firmar, sino que todos nos imaginábamos la cara de ññ que tendrían viendo las imágenes por las redes sociales el respetabilísimo Presidente de la República y la señora Tibisay Lucena

Pero aquí entre nos, hay vainas que en verdad me a…., por ejemplo, cuando se va la luz, cuando me quedo sin agua, cuando no consigo la harina PAN, ni el desodorante, cuando me roban el celular, cuando tengo que ir a despedir a mi hija al aeropuerto, cuando Maduro habla porque lo hace como si estuviera ausente y cuando calla aunque esté presente porque todos sabemos que también está ausente. Aunque luego toda esa rabia se me pasa cuando me acuerdo del cuento del pajarito y vuelvo a reírme hasta el desmayo.

@RojasyArenas